Negación vasca radical del capitalismo mundial

TERCERA CINTA: DONDE, ANTES DE HABLAR DE LOS VASCOS -ETA Y EL MLNV- QUE QUIEREN HACER UNA REVOLUCION SOCIALISTA, SE EXPLICA EL COMO Y EL POR QUE DEL HUNDIMIENTO DE LA UNION SOVIETICA Y SU "SOCIALISMO REAL"

U.S.A. venció a la URSS del "socialismo real" gastando dinero que enriquecía a las multinacionales del complejo militar-industrial

Esa cruzada abanderada por los yanquis no iba a hacerse, al menos en un primer momento, en forma de guerra abierta y declarada a la URSS. En primer lugar porque los yanquis sabían que no había peligro de ataque inminente soviético. Y en segundo lugar porque, a pesar de la práctica invulnerabilidad que se mantenía para el territorio norteamericano dada su aplastante superioridad naval y la superioridad tecnológica de su armamento (incluido el monopolio atómico), todavía se extendía entonces hasta Alemania y Austria el poderoso Ejército Rojo que había vencido a la formidable máquina de guerra nazi y no era cuestión de buscarle las cosquillas sin necesidad.

Pero cuando el 29 de agosto de 1949 la URSS detonó su primera bomba atómica en Asia Central, rompiendo el monopolio nuclear yanqui, los Estados Unidos se encontraron bruscamente ante el hecho de que el riesgo del ataque soviético que habían estado exagerando y falsificando tenía ya un soporte tecnológico temible. Redoblaron su rearme, redoblaron su "cruzada" ideológica. Y fueron cayendo en la cuenta de que el tercer intento capitalista de aplastar la Revolución Rusa no podría ser una guerra como la de los dos intentos anteriores. No podría ser una "guerra caliente". Tendría que ser la guerra fría.

Esa guerra fría lo fue sólo en cuanto a que no hubo choques directos, declarados y públicos entre norteamericanos y soviéticos. Pero se derramó mucha caliente sangre en choques secretos y en docenas de escenarios del planeta en los que unos y otros o sus aliados se enfrentaron con fuerzas concretas que representaban o eran aliadas del otro bando. Recuerda Grecia, China, Corea, Vietnam, Congo, Angola, Etiopía, etc, etc. Será útil que tengas en cuenta al respecto, cuando oigas a los propagandistas de la OTAN presumir de que su existencia ha evitado los desastres de una guerra a Europa, que es cierto que no hubo guerra total en Europa pero que después de 1945 han muerto en combate siete millones doscientos mil soldados y entre veinticinco y treinta y tres millones de civiles implicados en los mismos. Pero lo que realmente importa que entiendas es que los Estados Unidos plantearon esa guerra como una durísima carrera de armamentos en la que el dinero a gastar era el arma decisiva. Y la que finalmente les dió la victoria a la vez que facilitó el fantástico enriquecimiento de las empresas capitalistas que consiguieron los pingües contratos del Pentágono para fabricar ese armamento. Contratos conseguidos por esas empresas gracias a sus relaciones con los militares yanquis de alta graduación, muchos de los cuales pasan a ser, al retirarse, altos cargos de las mismas empresas a las que han encargado esos contratos. Que ellos se encargan de renovar con la facilidad que para ello supone el que los militares que les han substituido en el Pentágono son normalmente antiguos subordinados suyos a quienes ayudaron a subir en sus carreras. ¿No te parece elegante, sencillo y eficiente este sistema?.

Los Estados Unidos jugaron la baza de su superioridad económica en una insensata carrera de armamentos. ¿Sabes cuánto dinero gastaron en ella?. Fíjate bien: desde 1949 a 1989 el presupuesto total de las fuerzas armadas norteamericanas gastado por el Pentágono ha sumado la absurda cantidad de ocho billones trescientos mil millones de dólares (8.300.000.000.000 $). Para que te hagas una idea de lo que significa esa cantidad, que está medida en dólares de 1982, te diré que es claramente superior al valor de la totalidad de las plantas y de los equipos de la industria civil y de la infraestructura de los Estados Unidos que en 1982 sumaba siete billones trescientos mil millones de dólares. Si te das cuenta eso significa que el Gobierno norteamericano ha hecho un terrible e insensato derroche de recursos y de energía en fabricar armas. Es decir, ha dedicado a fabricar productos que son inútiles para la vida, que sólo sirven para destruir a otros al gastarlas o al destruirse a sí mismas, más capital del que habría necesitado para substituir (o doblar) la inmensa mayor parte de la maquinaria y de las estructuras de su país.

Te daré otro elemento de comparación del fantástico despilfarro yanqui en esa carrera de armamentos: en todos los años transcurridos desde 1951 a 1990 el presupuesto del Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha superado los beneficios netos combinados de todas las empresas norteamericanas. Y el proceso de generación, ejecución y control de ese gasto militar ha llevado a una situación en la que el Departamento de Defensa de los Estados Unidos controla la mayor parte del capital generado en el país, a más de 30.000 empresas contratistas del Pentágono y unas 100.000 empresas subcontratistas que también trabajan para él. Que igualmente controla al mayor número de personas dedicadas a lo que se llama I+D (investigación+desarrollo) y al mayor número de ingenieros y de trabajadores del sector productivo. A la vista de lo cual no parece exagerado que un profesor de la Universidad de Columbia haya definido a los Estados Unidos de hoy como un régimen de capitalismo militar de Estado.

Lo que ahora me preocupa es que saques en limpio de todo esto que el enorme esfuerzo y la enorme carga que para la URSS tuvo que suponer el gasto necesario para mantener el paso en esa carrera de armamentos teniendo en cuenta que la economía global norteamericana era varias veces mayor que la soviética. Por lo que un gasto igual o parecido al que hacían los yanquis suponía un porcentaje mucho mayor de su producción nacional para los soviéticos. Y, por tanto, un sacrificio mucho mayor. Recuerda el conocido dilema: cañones o mantequilla. Los recursos de un país son los que son. Cuanto mayor parte de ellos se dediquen a fabricar cañones menos quedan para fabricar mantequilla. Y donde se dice mantequilla se quiere decir todo tipo de bienes y servicios para atender a las necesidades de la población (alimentos, viviendas, escuelas, automóviles, electrodomésticos, juguetes, etc).

A costa de esos sacrificios la URSS consiguió, te repito, mantener el paso en la carrera, evitando así el peligro de que Estados Unidos pudiera impunemente destruirla por la fuerza. El genio soviético consiguió incluso éxitos espectaculares en esa competición. En agosto de 1957 realizó con éxito las pruebas del primer misil balístico intercontinental, rubricadas con el lanzamiento del primer satélite artificial de la Tierra en octubre del mismo año y realizando el 2 de enero de 1959 el primer vuelo interplanetario al lanzar un cohete hacia la Luna. Resultó así evidente que los Estados Unidos habían perdido la invulnerabilidad geográfica que durante la II Guerra Mundial había mantenido a su territorio a salvo de las destrucciones de la guerra, forjando así su hegemonía económica de la postguerra.

Esos éxitos alarmaron y asustaron notablemente a los norteamericanos. Y los Estados Unidos volcaron su gigantesca capacidad industrial y económica en redoblar sus esfuerzos para la carrera de armamentos creando una trinidad de armas estratégicas: misiles balísticos intercontinentales protegidos en silos subterráneos diseminados, submarinos atómicos portacohetes con cargas nucleares y bombarderos pesados de largo alcance. La URSS hubo de hacer de nuevo otro gigantesco esfuerzo (nuevamente más pesado para ella que el suyo para los yanquis) hasta conseguir en los años setenta una paridad estratégica, un empate en la capacidad -e inevitabilidad- de destrucción mutua.

En los años ochenta, en las dos presidencias Reagan, los Estados Unidos forzaron de nuevo el ritmo. Gastaron en esos ocho años dos billones cien mil millones de dólares en su renovado esfuerzo militar que ahora incluía la amenaza de la "guerra de las galaxias". Ello forzó a la URSS a gastar aún más (dos billones trescientos mil millones de dólares) en esa carrera. Fue demasiado. Acabó de romper el espinazo de la economía soviética, ya maltrecho por el desmesurado esfuerzo de los treinta años anteriores. Gorbachov tiró la toalla, se rindió y trató de convertirse en el amigo y aliado pedigüeño de los vencedores Estados Unidos. Previa conversión de la URSS al capitalismo.

Así es que ya sabes lo que ha significado el hundimiento de la URSS. Que, finalmente -después de más de setenta años- y al tercer gran envite, los Estados capitalistas del planeta han aplastado al Estado surgido de la Revolución Rusa. Que durante esos más de setenta años los Estados capitalistas han sido capaces de aumentar su poder aumentando la miseria y la pobreza en todo el planeta mediante una sobreexplotación incrementada. Que ese aumento del número y la miseria de los pobres en el planeta ha hecho más ricos y poderosos a los Estados capitalistas centrales. Y que por eso los Estados capitalistas han demostrado ser más fuertes que los Estados que intentaban ser o que decían que intentaban ser socialistas en Europa oriental. Que, en definitiva, el socialismo no tuvo el poder ni el acierto suficientes como para consolidarse en Europa. Lo que no es ciertamente lo mismo que demostrar que el capitalismo es mejor que el socialismo.

Por otra parte son cada vez más los lúcidos analistas que avisan de que la victoria de los Estados Unidos ha sido una victoria pírrica. Es decir, que el colosal gasto norteamericano en armas ha hecho ciertamente felices y ricos a los miembros de su complejo militar-industrial (que son el núcleo duro del actual bloque de clases dominante norteamericano) y ha permitido destrozar económica y políticamente a la URSS. Pero que también ha afectado dura y gravemente a la economía y a la sociedad norteamericanas. Que ha envenenado de productos tóxicos y radiactivos buena parte del territorio yanqui.

Durante casi cinco decenios los Estados Unidos han estado fabricando miles y miles de armas nucleares. Han usado para ello una inmensa red de instalaciones industriales que ocupan miles de kilómetros cuadrados esparcida por 13 Estados de la Unión. Durante los pasados cuarenta y cinco años ello ha sido la causa de una grave contaminación ambiental por productos químicos tóxicos y radionucleidos que han contaminado el aire, el agua subterránea o superficial, los sedimentos de la tierra y la vegetación y la vida animal. La Oficina de Asesoramiento Tecnológico del Congreso de los Estados Unidos considera, en un informe fechado ya en los años noventa, que hay pocas posibilidades de que sea satisfactoria la eliminación de esa contaminación ya producida. La tecnología actual no posibilita la descontaminación de las aguas subterráneas y de las capas profundas de la tierra. Y de conseguirse poner a punto una tecnología satisfactoria resultará extremadamente cara o necesitaría un largo período de tiempo.

Esos lúcidos analistas consideran también que el colosal gasto yanqui en armas durante la guerra fría ha corroído como un cáncer la economía y la competitividad norteamericanas, arruinando su sistema de mercado y socavando el valor de su moneda. Que ese insensato gasto se ha financiado con un déficit público creciente que ha convertido a los Estados Unidos en el estado más endeudado del planeta (con más de cuatro billones, más de cuatro millones de millones de dólares de deuda). Y que la capacidad insaciable de la economía militar ha erosionado inexorablemente la productividad industrial, fundamento del crecimiento económico de cualquier nación.

Me gustaría que te fijaras ahora en algo que no es una casualidad. Recuerda que antes contemplamos como al acabar la II Guerra Mundial los Estados Unidos alcanzaron aquella fantástica hegemonía que les permitía controlar ellos solos la mitad de la producción mundial. En el casi medio siglo transcurrido desde entonces la hegemonía yanqui ha desaparecido y su Producto Nacional Bruto ahora ya sólo supone la cuarta parte, escasa, del total mundial.

Y han sido dos los estados capitalistas que de forma asombrosa han acortado velozmente en ese casi medio siglo la ventaja que les llevaba en 1944 la economía de los Estados Unidos. ¿Necesitas que te diga que esos dos estados son Japón y Alemania?. Supongo que no. Pero quiero que te fijes bien en el hecho de que esos dos son, precisamente, aquellos grandes vencidos de la II Guerra Mundial a quienes, por serlo, los Estados Unidos les impusieron -y luego les han mantenido, aunque suavizada- la prohibición de poseer, equipar y entrenar ejércitos fuertes. Y, que al hacerlo así, les hicieron ahorrar durante decenios unos gastos militares que hubieran podido arruinar sus economías. Como han arruinado la de la URSS y tocado del ala la de los propios Estados Unidos.

Los errores de la URSS -¿inevitables?- que ayudaron desde dentro a su hundimiento